
El aceite de oliva lampante se ha considerado tradicionalmente el aceite de oliva de peor calidad. Tiene un alto nivel de acidez, además de sabores y aromas desagradables que lo hacen no apto para el consumo directo. El nombre lampante proviene de su uso tradicional como combustible para lámparas de aceite.
Según la normativa española y europea vigente, un aceite de oliva virgen se clasifica como lampante cuando no cumple los requisitos para ser clasificado como aceite de oliva virgen. Por lo tanto, se clasifica como lampante si cumple cualquiera de los siguientes criterios:
- Su acidez supera los 2 gramos de ácido oleico libre por cada 100 gramos de aceite (más del 2 %).
- En la prueba oficial del panel de cata, la mediana de los defectos es superior a 2,5.
- En la evaluación sensorial, la mediana del atributo de frutado es igual a cero.
El aceite de oliva lampante suele presentar un sabor y aroma desagradables, además de un alto nivel de acidez. Su color también puede ser diferente de los tonos verdes y dorados característicos de los aceites de oliva virgen extra y virgen. Por lo general, se produce a partir de aceitunas que se han deteriorado debido a plagas, heladas o a que permanecieron en el suelo durante un período prolongado antes de ser recolectadas.
Al igual que en las demás categorías de aceites de oliva vírgenes, la normativa también establece parámetros químicos adicionales para prevenir fraudes y garantizar una correcta clasificación.
Debido a su baja calidad, el aceite de oliva lampante no puede venderse directamente a los consumidores. Antes de poder consumirse, debe someterse a un proceso de refinado.