Nuestra historia

El origen ( años 80)

Por parte de nuestra madre, provenimos de una familia con una larga tradición en el cultivo de olivos.

De niños, pasábamos todos los fines de semana en el pueblo con nuestros abuelos. Nuestro abuelo enseñó a nuestro padre, quien tenía poca experiencia en agricultura, todo lo relacionado con sus olivos y cultivos, compartiendo con él su forma de entender el campo.

A mediados de los años 80, nuestro padre tomó una decisión arriesgada. Con algunos ahorros, poca experiencia y mucho entusiasmo, compró una finca prácticamente abandonada, con un olivar en decadencia y una casa de campo que necesitaba una profunda restauración.

El esfuerzo: estudio y trabajo duro (años 90)

Con el apoyo de nuestra madre, nuestro padre comenzó a transformar el olivar. Estudió las mejores técnicas de riego y fertilización y construyó un almacén agrícola para guardar las herramientas y la maquinaria. Fueron años de intenso trabajo.

Solíamos llevar las aceitunas a cooperativas de pueblos cercanos, como Puente Genil y Badolatosa. Nuestro padre a menudo se sentía frustrado porque consideraba que entregaba aceitunas de una calidad excepcional, pero las cooperativas le pagaban el mismo precio que a otros agricultores cuyos frutos no recibían el mismo cuidado.

La almazara: creando nuestro propio aceite (años 00)

Como las cooperativas no reconocían la calidad de las aceitunas de nuestro padre, convenció a nuestra madre para que pusieran en marcha su propia almazara. El objetivo estaba claro: producir aceites de oliva virgen extra de alta calidad, de una sola variedad de aceituna y exclusivamente procedentes de nuestra finca. En aquel entonces, eran muy pocos los productores que elaboraban aceites monovarietales.

El primer aceite se produjo durante la cosecha de 1999-2000. Con plena confianza en su calidad, nuestro padre presentó el aceite de Arbequina al concurso del Ministerio de Agricultura para elegir el Mejor Aceite de Oliva Virgen Extra de España y, para sorpresa de todos, obtuvo el primer premio en la categoría de “frutado maduro”. Desde entonces, nuestros aceites han recibido otros reconocimientos, entre ellos los premios de Expoliva, la Diputación de Córdoba y OliveJapan.

El desafío: comercializar nuestro aceite (años 10)

Al principio, creíamos ingenuamente que recibir estos reconocimientos haría que vender nuestro aceite fuera fácil. La realidad nos enseñó lo contrario.

Hemos aprendido que construir una presencia en el mercado requiere tiempo. Nuestro objetivo es conectar directamente con las personas que disfrutan de nuestros aceites y conocer sus opiniones. Para ello, Internet se ha convertido en una herramienta invaluable.

También nos entusiasma poder exportar nuestros aceites a otros países de la Unión Europea.